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Vida de San Agustín

La infancia de San Agustín

San Agustín de Philippe Champaigne
San Agustín de Philippe Champaigne

San Agustín nació el 13 de noviembre del 354 en la pequeña ciudad de Tagaste, situada en el norte de África, en la actual Argelia. Se trataba de una región próspera cuya principal riqueza provenía del suministro de cereales y aceite al Imperio romano.

Los padres de Agustín de Hipona sabían que a través de la cultura y la educación su hijo podría aspirar a algún cargo público que le asegurase un cómodo futuro. Para ello, hicieron importantes esfuerzos económicos y con la ayuda de Romaniano, un vecino de la aristocracia local al que les unían lazos familiares, pudieron permitirse darle una educación de calidad a San Agustín.

La familia de San Agustín

Patricio, el padre de San Agustín era un funcionario civil, pagano que sólo asistía a misa de vez en cuando. Su madre, Mónica, que más tarde sería canonizada profesaba un cristianismo de raigambre profunda. Esta diferencia entre los padres provocó más de una tensión en la familia. San Agustín sentía un profundo respeto por su madre, aunque en ocasiones también mostraba su malestar por el carácter absorbente de este y por querer intervenir en todos los aspectos de la vida de Agustín.

San Agustín tuvo al menos dos hermanos: Navigio y Perpetua. Esta última, al quedar viuda, ingresó en un convento de monjas de la orden agustina que había fundado su propio hermano.

Sus primeros años de formación

Durante su infancia San Agustín fue un chico travieso al que le gustaba jugar y distraerse. Estudiaba sin excesivo esfuerzo en la escuela de primaria de Tagaste. Más tarde se trasladó a Madaura y pudo completar su formación con el trívium (didáctica, retórica y filosofía) y más tarde el cuadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). Sin embargo, Agustín nunca fue capaz de estudiar griego y sus lecturas de autores griegos las hizo a través de traducciones latinas posteriores.

A los dieciséis años su madre insistió en que marchase a Cartago para que pudiese seguir estudiando, pero antes tuvo que permanecer un año en Tagaste esperando a que su familia ahorrase dinero. Durante ese año el joven San Agustín se dedicó, junto con su grupo de amigos, a diferentes tipos de actividades ilícitas centradas en actividades sexuales, apuestas en el juego o algún robo.

El traslado a Cartago

En el 370 acompañado por un grupo de amigos San Agustín se traslada a Cartago, donde combinó los estudios con la diversión y los amoríos. A los diecinueve años compartía su vida con una chica y en el 372 fue padre de su único hijo, llamado Adeodato. Este mismo año Agustín lee el Hortensius de Cicerón, obra de vital importancia para el devenir del futuro obispo de Hipona, pues supuso un acicate en su vocación de pensador y a su voluntad de buscar la verdad a través de la razón.

El estudio y la lectura le llevaron durante su estancia en Cartago a entrar en la secta de los maniqueos. Se trataba de un grupo de personas con un alto grado de formación y con dotes oratorias. En un principio San Agustín creyó que el maniqueísmo era una explicación racional a las dudas que se planteaban sobre la existencia de Dios.

San Agustín como profesor

Cuando terminó sus estudios San Agustín se convirtió en profesor de retórica primero en Cartago y después en su ciudad natal, en Tagaste. Mientras tanto cada vez estaba más implicado en el movimiento maniqueo, pero tras un año en Tagaste se volvió a Cartago, donde abrió su propia escuela de retórica y empezó a distanciarse de los maniqueos, hasta que tras una entrevista con Fausto, un maniqueo de gran prestigio, le decepcionaron las respuestas de este a las preguntas que le planteaba y abandonó el maniqueísmo. Dando por cerrada de esta forma una etapa de su vida.

San Agustín en Italia

La segunda etapa de la vida de San Agustín se localiza entre Roma y Milán. A Roma viajó junto a uno de sus grandes amigos, Nebridio, y allí se reencontraron con otro gran amigo, Alipio. La amistad siempre fue para San Agustín imprescindible. Tras pasar algún tiempo en Roma como profesor se trasladó a Milán para ser profesor de retórica de Valentiniano II. En Milán, Agustín de Hipona asistiría a los sermones de Ambrosio, quien hacía unas interpretaciones de la Biblia que lo impresionaron, ya que eran radicalmente opuestas a lo aprendido a través de los maniqueos.

Movido siempre por la inquietud intelectual, San Agustín también se lanzó a la lectura de los textos neoplatónicos de Plotino. Estas lecturas serán clave, pues las ideas que de ellas rescata aparecerán reflejadas en sus obras posteriores. Por recomendación de Ambrosio también comenzó la lectura de los escritos de San Pablo recogidos en la Biblia.

Y así llegamos al año 386. Año de la conversión al cristianismo de San Agustín. Sin embargo, la conversión intelectual había estado gestándose durante mucho tiempo antes. Hasta Milán se había desplazado también su madre, y junto con unos amigos se retiraron en el otoño de ese año a una finca en Casiaciaco, a unos 30 km al norte de Milán, donde tuvo tiempo para meditar, leer la Biblia y de iniciarse en una intensa actividad literaria. A mediados de octubre Agustín vuelve a Milán y en la vigilia de la Pascua del 387 recibe el bautismo del propio Ambrosio y en presencia de su madre.

Tras esto, San Agustín decide que ha llegado el momento de volver a África, y en otoño marcha al puerto de Ostia, desde donde tenía pensado embarcar hacia Cartago con su madre y sus amigos. Pero entonces, su madre, Santa Mónica, muere tras una corta enfermedad y el grupo decide posponer el viaje y pasar el invierno en Roma, tiempo que nuestro filósofo aprovechará para escribir.

El regreso a África

Finalmente regresan a África en otoño del 388. Se instalan cerca de Tagaste y, tras haber hecho voto de pobreza y renunciar a la propiedad privada, fundan una comunidad en la que San Agustín emplea todo lo obtenido con la venta de sus bienes inmuebles.

Hasta el 391 San Agustín vive en comunidad con sus compañeros, actuando como padre espiritual y llevando una vida de contemplación y meditación totalmente retirados de las actividades públicas. Aunque desplegando una gran actividad literaria. Pero entonces, en el 391 se traslada a Hipona, a 100 km de Cartago, sede del obispado de la diócesis de África y gran puerto en el Mediterráneo, con un trasiego constante de mercancías y personas.

Pero la vida en Hipona para un sacerdote no era fácil. Con frecuencia se producían incursiones de pueblos del interior hacia asentamientos rurales que rodeaban la ciudad, que asesinaban a los sacerdotes de esas poblaciones. Además, en tiempos de San Agustín existían movimientos que se oponían a la expansión del cristianismo como los donatistas.

San Agustín obispo de Hipona

Una vez en Hipona, San Agustín fue ordenado sacerdote. En un terreno cercano a la catedral de Hipona fundo su comunidad, conocida como el Monasterio del Jardín. Allí dedicó su tiempo a poner por escrito sus inquietudes y pensamientos, pero también pasó de una vida contemplativa a otra más activa. Pero la gran valía de su labor en la diócesis le supuso el nombramiento como obispo auxiliar en el 395 y como obispo titular en el 396, a la muerte de Valerio, obispo hasta entonces.

San Agustín se comprometió entonces a combatir los movimientos heréticos como el donatismo y el pelagianismo, siempre desde la palabra escrita o predicada. En el año 400 se publican sus famosas Confesiones y a partir de entonces escribirá los grandes tratados sobre cuestiones teológicas e interpretación de las Sagradas Escrituras.

El saqueo de Roma y la muerte de San Agustín

En el año 410, los godos con su rey Alarico al frente entraron en Roma y la saquearon. Hecho que fue interpretado como el fin de una era y que recrudeció el enfrentamiento entre cristianos y herejes. Así las cosas, en el 429 los vándalos expulsados de la península Ibérica invadieron el norte de África, sitiaron varias ciudades, entre ella Hipona, acontecimiento en el que moriría San Agustín el 28 de agosto del 430.

Fuentes

  • BASSOLS, L. (2007), San Agustín: Vida obra y pensamiento, Planeta de Agostini, Barcelona.
  • PEGUEROLES. J. (1972), El pensamiento filosófico de San Agustín, Labor, Barcelona.
  • SAN AGUSTÍN (2007), Las confesiones, Tecnos, Madrid.
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Vida de San Agustín
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La vida de San Agustín, obispo de Hipona, discurrió a medio camino entre el norte de África e Italia, combatiendo diversas herejías y ejerciendo como profesor de retórica, escritor, pensador y sacerdote
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