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Tofet

Tofet de Cartago
Ruinas del tofet de Cartago

¿Qué es un Tofet?

El tofet o tophet era un recinto sagrado que generalmente se situaba fuera de las ciudades donde en el que se realizaban sacrificios y entierros, especialmente de niños pequeños, en rituales de la religión fenicia y cartaginesa . El tofet fue la exportación cultural más evidente de las ciudades fenicias a sus colonias en todo el Mediterráneo y supone una valiosa fuente de información sobre las prácticas funerarias e incluso el comercio en el Mediterráneo, ya que era importante utilizar cerámicas importadas como urnas funerarias para almacenar las cenizas de los difuntos.

El Tofet y los sacrificios humanos

Según las fuentes antiguas, uno de los rituales de la religión fenicia era sacrificar humanos, especialmente niños. No está claro como fueron asesinadas las víctimas, pero parece que el fuego jugó un papel principal. Según los autores cñasicos Clitarco de Alejandría y Diodoro de Sicilia, delante de una estatua de bronce del dios Baal con los brazos abiertos se encendía una fogata. A la vez, a la victima se la colocaba en los brazos de la estatua y, finlmente, terminaba cayendo al fuego.

También mencionan que las víctimas tenía la cara cubierta con una máscara que simulaba una sonrisa, posiblemente para ocultar sus llantos y su cara de terror ante el fatal desenlace que les esperaba. Después, las cenizas de la víctima se colocaban en una urna y se enterraban en tumbas ubicadas dentro de un espacio abierto sagrado y cercado, el tofet.

Los tofets se encontraban fuera de la ciudad propiamente dicha y, generalmente, orientados al norte. El tofet de Cartago tenía una zona de santuario con un altar en el que se realizaban los sacrificios. Después de la ceremonia, las cenizas del difunto se colocaban dentro de un recipiente, luego se ponían unas piedras encima de la urna funeraria para sellarla y se colocaba dentro del tofet, a veces en una tumba de pozo. Desde el siglo VI a. C. sobre las urnas funerarias se colocaban estelas de los dioses Baal y Tanit en lugar de piedras. Muchas de las estelas tenían una inscripción en las que se describía un sacrificio humano o la sustitución de una oveja por un niño. Las urnas eran, a menudo, recipientes y jarras procedentes de lugares tan lejanos como Corinto y Egipto, proporcionando un registro interesante y valioso para el estudio del comercio fenicio.

Los rituales en tofets por el Mediterráneo

Aunque los tefets no están documentados en las ciudades fenicias de la costa siria, su presencia en muchas de las colonias que los fenicios fundaron en el Mediterráneo atestigua que esta práctica cultural, casi con seguridad, se importó de ciudades como Tiro, Sidón y Biblos. Uno de los tofets más próximos al territorio fenicio original es el de Tell Sukas, en la costa siria, que data del siglo XIII-XII a. C. En cuanto a las colonias, en Motya —frente a la costa de Sicilia— apareció otro que estuvo en uso desde mediados del siglo VII a. C. También hay tofets en Sulcis, Bithia, Tharros y Nora en la isla de Cerdeña.

Pero sin ninguna duda, el tofet más famoso está en Cartago, también conocido como el “recinto de Tanit”. Estuvo en uso de forma continuada el siglo VIII a. C. hasta la caída de Cartago en las Guerras Púnicas. En su época de mayor extensión alcanzó los 6000 m2.

Los sacrificios de niños

Los autores clásicas describen prácticas de infanticidios realizadas por los fenicios que dieron una imagen de estos de gentes despiadadas y sedientas de sangre. En realidad, la costumbre de sacrificar a los niños en los tofets fue utilizada por los romanos para presentar a los cartagineses como bárbaros que tenían que ser derrotados. Además, también exageraron sus cultos de inspiración fenicia para ilustrar mejor la virtud de Roma al derrotar a un enemigo tan despreciable.

La Biblia también describe estas prácticas sangrientas —conocidas con el nombre de molk— en honor del dios Baal, que según el libro sagrado de los cristianos los fenicios las realizaban cerca de Jerusalénen, en el valle de Ben Hinnom, literalmente, lugar de matanza.

Por otro lado, los estudiosos modernos han abordado recientemente si los fenicios merecían tal reputación como terribles asesinos de niños.

En primer lugar, debemos recordar que los sacrificios humanos se realizaron en la mayoría de las culturas antiguas, tal y como se menciona con frecuencia en la literatura antigua. En el Antiguo Testamento Abraham intenta sacrificar a su propio hijo Isaac; en los textos de Ugarit se habla de sacrificar a los primogénitos en tiempos de gran peligro, y en la Ilíada, el rey Agamenón sacrifica a su hija Ifigenia para que la flota griega pueda llegar a Troya y recuperar a Helena.

En segundo lugar, la escala del sacrificio humano realizado por los fenicios es difícil de determinar, pero es poco probable que se realizasen con regularidad; después de todo, ninguna sociedad puede subsistir realizando sacrificios regulares de su propia población. Todas las referencias literarias al sacrificio humano sugieren que solo se practicaba en tiempos de gran peligro para el estado, como guerras, plagas y desastres naturales, y que no era una práctica habitual. Incluso en la mitología fenicia donde el dios Baal sacrifica a su hijo, lo hace para salvar a su país del colapso.

En otro caso, Diodoro describe al general cartaginés Amílcar sacrificando a un niño durante el asedio de Agrigento en el siglo V a. C., cuando los defensores sufrían enfermedades. Además, los sacrificios humanos en las fuentes antiguas son casi siempre hijos de gobernantes y de la clase dominante, ya que a los dioses no les interesaban los sacrificios de la gente común.

En tercer lugar, y lo más importante, el hecho mismo de que los niños fueron sacrificados no es tan cierto como las fuentes antiguas nos harían creer. Si bien el registro arqueológico ha revelado una gran cantidad de urnas funerarias en los tofets, más de 20.000 solo en Cartago, y la mayoría contiene los restos quemados de los niños, por lo que no se puede concluir que necesariamente los niños fuesen sacrificados.

La arqueología de los tofets

El análisis de los restos arqueológicos del tofet de Cartago revela que el enterramientos en urnas fue relativamente habitual y se produjo de manera individual. Entre los siglos VII y VI a. C., los fallecidos eran bebés recién nacidos, mientras que los que datan del siglo IV a. C. tenían hasta 3 años.

También se encontraron desde los orígenes del tofet restos quemados de animales que representan el 30% de los huesos del período inicial. Sin embargo, a partir del siglo IV a. C., los restos de animales representan solo el 10% del total. En ambos períodos hay ejemplos de urnas en los que aparecen mezclados restos humanos y animales. El análisis también revela que, en general, el 80% de los restos humanos del tofet de Cartago pertenecen recién nacidos o fetos. Este dato se puede comparar con los hallazgos de Tharros, una antigua ciudad de la costa de Cerdeña, donde el 98% de los restos eran de bebés menores de tres meses.

No se pudo determinar la causa exacta de la muerte, pero Maria Eugenia Aubet propone que es muy posible que los niños muriesen por causas naturales al nacer o al poco de hacerlo, aunque en algunas ocasiones también se realizaría sacrificios infantiles.

Este dato puede ser corroborado con la ausencia de niños en las necrópolis fenicio-punicas, en las que todos los cuerpos enterrados pertenecen a adultos. Esto solo puede indicar que los niños eran enterados en otro lugar, y este no sería otro que los tofets.

Conclusión

En conclusión, parece que la reputación de los fenicios, y posteriormente los cartagineses, como asesinos de niños sedientos de sangre, carece de evidencia arqueológicas que lo apoyen. Al igual que en otras religiones de la antigüedad, parece que se realizaron sacrificios de niños, pero solo en momento puntuales de peligro o estrés social.

En realidad, el tofet solo sería un lugar sagrado y de entierro de niños que habían fallecido de muerte natural. Y es que el entierro de los individuos más pequeños de la comunidad en un lugar diferente al resto está atestiguado en Mesopotamia incluso desde el VI milenio a. C. en época Ubaid.

Fuentes y referencias: