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Pelagianismo

Si esta buscando qué es el pelagianismo, dónde y cuándo surgió o cuál fue su influencia estás en el sitio correcto. Aquí encontrarás una completa definición del pelagianismo para que puedas entender su significado, su origen, la controversia con San Agustín o su papel en la actualidad.

El Pelagianismo
El triunfo de San Agustín de Claudio Coello

¿Qué es el pelagianismo?

El pelagianismo es un movimiento herético fundado por Pelagio, un monje británico que vivió entre los siglos IV y V d. C., aunque según San Agustín por los años en el que mantuvieron una confrontación ideológica vivía en Roma, y se mostraba preocupado por la relajación cristiana, algo de lo que culpaba a las prédicas de Agustín y sus seguidores. En un principio Pelagio no fue considerado un hereje, incluso se veían sus teorías como un intento de regresar a los orígenes del cristianismo.

Es poco lo que se sabe de la vida de Pelagio, pero sí que estaba en contra de los bautismos en masa que las autoridades eclesiásticas veían como una muestra de arraigo popular. Sin embargo, Pelagio consideraba que las conversiones masivas lo único que aportaban a la Iglesia era la relajación de las costumbres y el aburguesamiento de sus miembros.

San Agustín se enfrentó a este movimiento que defendía que no existía un pecado original que hubiera contaminado a toda la humanidad. Esto suponía que no era necesario el bautismo y ningún sacramento para ser uno de los escogidos por Dios para la salvación, ya que esta se conseguía por méritos propios y no por la gracia divina.

Origen del Pelagianismo

El origen del Pelagianismo hay que buscarlo en la teoría de San Agustín sobre el pecado. Para él, el pecado dependía de la mala voluntad de los hombres, pues estos son libres para escoger el camino del bien y del mal. Además, el obispo de Hipona proponía que la existencia del mal y los males físicos que aquejaban a los hombres provenían del pecado original de Adán contra Dios.

Los males físicos que padecía la humanidad eran debidos, por tanto a un castigo por el mal moral que había cometido un solo hombre, Adán.

El pecado original en el Pelagianismo

La discusión en torno al tema del pecado original fue el punto central de la disputa de Pelagio y sus seguidores con Agustín de Hipona. Incluso de los documentos creados por Agustín para combatir las ideas de Pelagio se estableció y sistematizó la doctrina de la Iglesia sobre el pecado original.

El pecado original fue el cometido por Adán, cuya falta se imputa a todos sus descendientes. El bautismo redimía al hombre, pero Agustín pensaba que este perdón no era absoluto y que la actitud del hombre en el mundo debía seguir siendo siempre la de un ser convaleciente cuya salvación solo se produciría con su muerte.

En contra de este teoría de San Agustín, Pelagio defendía que ningún hombre podía ser castigado por una falta que no había cometido personalmente. Según el pelagianismo el pecado original quedaba redimido mediante el bautismo, a través del cual el ser humano recuperaba su naturaleza buena e inmutable y quedaba libre para elegir la dirección de sus obras.

Para los pelagianos, los hombres podían pecar, pero al tratrse de una elección, siempre podían volver por el camino del bien, por lo que sería suficiente con un control de las propias acciones y la voluntad para caminar por la senda del bien.

La invalidez de los sacramentos

Uno de los temas clave del pelagianismo y que más disputas provocó entre Pelagio y San Agustín fue la cuestión del pecado y su remisión, el bautismo. Para Agustín, el bautismo es el medio por el cual se redime el pecado original, mientras que para Pelagio era un renacimiento.

En los orígenes del cristianismo el bautismo no se producía al nacer, sino cuando se alcanzaba una edad adulta y después de años de formación. Los bautismos se celebraban en ceremonias solemnes en los que el bautizado se sumergía en el agua y emergía vistiendo una túnica blanca que simbolizaba la pureza. Estas ceremonias bautismales solían ser actos masivos que, además de un acto de afirmación de la fe, suponían un acto propagandístico.

Pero para Pelagio la observancia de las leyes divinas, los mandamientos y los dictados de Dios eran suficientes. No era necesaria la ntervención divina de la gracia para que el hombre obrará bien, por lo que la función redentora de Cristo, cuya obra se renueva con la administración de los sacramentos, quedaba invalidada.

La cuestión de la libertad

Visto lo anterior, para Pelagio el hombre era responsable de sus propias acciones y no de las de seres pasados como Adán. Por eso a los hombres se les podía culpar de los pecados que cometiesen debido a su libre voluntad para obrar el bien o el mal.

Celestio y la difusión del Pelagianismo

Pero la difusión del pelagianismo tuvo lugar con el teólogo y pensador italiano Celestio, discípulo de Pelagio y quien desde Cartago empezó a difundir el pensamiento de su maestro. Celestio huyó de Roma tras el saqueo de los godos en el año 410 y se refugió en Cartago. En torno a él se organizó un movimiento que se oponía a la doctrina cristiana, defendiendo, como hemos visto, que no existía el pecado original y que no todo el mundo encontraría la salvación, movimiento que rápidamente fue denunciado y combatido por Agustín de Hipona.

El Concilio de Cartago

En el 411 se celebró un primer encuentro en Cartago por deseo del emperador Honorio, y bajo la presidencia de Marcelino de Cartago, para acabar con el donatismo y condenar el pelagianismo y a Celestio. Tras esto Celestio partió hacia Éfeso.

En el 415 se celebró un nuevo sínodo de Dióspolis cuyos asistentes concluyeron que los postulados de Pelagio no se encontraban fuera de la Iglesia.

Estas conclusiones alertaron a los obispos y a varios personajes centrales en la Iglesia como San Agustín y San Jerónimo, quienes finalmente consiguieron que Pelagio y Celestio fuesen excomulgados por el Papa Inocencio I en el 417.

Sin embargo, poco después, Celestio visitó al nuevo Papa, Zósimo, y Pelagio le escribió una carta explicándole sus teorías. Zósimo quedó impresionado con sus propuestas. Tanto que incluso llegó a simpatizar con el pelagianismo, consideró que los obispos africanos con San Agustín a la cabeza se habían precipitado promoviendo sus condenas y los absolvió.

Pero el sínodo de Cartago volvió a reunirse en el 418, presidido por San Agustín, y actuó firmemente contra las teorías de Celestio sobre el pecado original, la naturaleza humana y la gracia. Las conclusiones más importantes a las que se llegaron fueron la existencia de la gracia divina, del pecado original y la necesidad del bautizo para anular tal pecado.

La excomunión de Pelagio y Celestio

La aceptacion en el seno de la Iglesia de Celestio y Pelagio y la simpatía del Papa con sus teorías provocó la aparición de episodios violentos en Roma. El emperador, preocupado, mandó a Celestio que compadeciera ante el Papa, pero este huyó de Roma, lo que provocó que Zósimo volviese a excomulgar a los herejes y condenase el pelagianismo.

La lucha de San Agustín contra el pelagianismo

La lucha de San Agustín con los seguidores del pelagianismo fue larga y pasó por distintas fases. En el 418 los obispos de África consiguieron que un edicto imperial y una bula papal condenaran el movimiento y excomulgaran a sus seguidores, pero varios obispos del sur de Italia se negaron a seguir las órdenes del Papa, ante lo cual Agustín de Hipona fue requerido para que redactase la doctrina cristiana respecto a la gracia y la voluntad humana en varias obras.

Sobre esta controversia posteriormente redactaría nuevas cartas y escritos que en líneas generales defendían la teoría que la gracia es recibida de Dios para guiar al hombre a obrar el bien, pero a lo largo de la vida son los méritos debidos a la voluntad del hombre  los que logran que la gracia divina se mantenga.

El debate entre pelagianismo y cristianismo no se cerró hasta el Concilio de Orange, en el año 529, con la condena de la doctrina herética de los seguidores de Pelagio y Celestio.

El pelagianismo y Juliano de Eclana

Juliano nació en el 385  en el seno de una familia acomodada y recibió una educación acorde a su posición. En su juventud quedó fascinado por las lecciones de Pelagio y se convirtió en aliado de Celestio, lo que le llevó a defender las ideas pelagianas y a enfrentarse a San Agustín. Obispo de la ciudad de Eclana, Juliano mantuvo su causa más allá de las prohibiciones del Papa, por lo que fue desposeído de su obispado y pasó gran parte de su vida exiliado en Grecia y Constantinopla.

Juliano se mostraba perplejo por la existencia de un Dios que permite el sufrimiento humano o una vida eterna entre las llamas del infierno para aquellas que hubiesen muerto sin bautizar, incluso aunque se tratase de niños inocentes. Según Juliano, no era posible que Dios fuese capaz de cometer un crimen que no cometían ni los bárbaros. Y es que el Dios de Juliano es un Dios sabio, civilizado, racional y equitativo.

Los méritos de Juliano de Eclana, que no le fueron reconocidos en vida, pasan por ser un hombre estudioso, bien preparado, conocedor de las Sagradas Escrituras y los clásicos, notable escritor y defensor de unas ideas cuya validez significó una aportación a la cultura cristiana.

San Agustín recogió varios de sus escritos en una obra llamada Contra Julianum. En ella trababa de contrarrestar las teorías pelagianas de Juliano de Eclana utilizando palabras despectivas, incluso llevando al plano personal la desautorización de Juliano, de quien llega a decir que su propia perversión le desautoriza para hablar del tema.

El pelagianismo en la actualidad

No hace mucho tiempo el Papa Francisco advertía del peligro del pelagianismo en la actualidad.Según el Papa, el pelagianismo hoy en día se encuentra oculto dentro de la propia Iglesia, sobre todo en el seno de algunas congregaciones religiosas, que en muchos casos ni siquiera son conscientes que siguen las ideas de Pelagio.

Por tanto, el pelagianismo es junto con el gnosticismo, otra corriente herética nacida en los primeros años del cristianismo, uno de los movimientos religiosos que más preocupan hoy en día a la Iglesia Católica.

Fuentes y referencias:

Además del pelagianismo también tenemos:

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El pelagianismo
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El pelagianismo fue un movimiento herético liderado por Pelagio, un monje británico que vivió entre los siglos IV y V, contrario a los bautismos en masa y partidario de volver a un cristianismo primitivo
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