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Cicerón

Marco Tulio Cicerón es uno de los grandes pensadores de la antigüedad y famoso por sus discursos en el Senado Romano. Aquí te contamos que pensaba y cuál es su principal aporte a la filosofía.

Cicerón

¿Quién fue Cicerón?

Marco Tulio Cicerón fue un orador, político  y escritor romano nacido el 6 de enero de 106 a. C. en Arpinum o Sora, a algo más de 100 km al sureste de Roma, en las montañas de Volscia. Su padre era un eques rico perteneciente a una familia que estaba relacionada con Cayo Mario. No debe confundirse al famoso orador con su hijo —del mismo nombre— o con Quinto Tulio Cicerón —su hermano pequeño—. Cicerón murió el 7 de diciembre del año 43 a. C., tratando de escapar de Roma por mar.

Biografía de Cicerón

La formación de Cicerón

Cicerón fue enviado a Roma para estudiar derecho junto a los Escévolas y aprender filosofía con Filón, quien había sido director de la Academia de Atenas, y el estoico Diodoto. Sin embargo, los primeros años de vida de Cicerón no estuvieron marcados los libros y el aprendizaje. A los 17 años sirvió en la guerra social bajo las órdenes del padre de Pompeyo Magno. Sería durante este período de agitación política en Roma, los años 80 a. C., cuando Cicerón terminó su educación formal.

Sin embargo, la experiencia militar de Cicerón detuvo sus aprendizajes. En 79 a. C. dejó Roma durante dos años para viajar al extranjero, con el objetivo de mejorar su salud y seguir estudiando. En Atenas aprendió de grandes retóricos y filósofos griegos. En Atenas donde conoció a otro estudiante romano, Tito Pomponio Ático, quien se convirtió en su amigo y corresponsal durante toda su vida.

El inicio de su carrera política

Fue durante su estancia en Rodas cuando Cicerón se casó con su primera esposa, Terentia. Después, regresó a Roma en el 77 a. C. y fue elegido como pretor a la edad mínima de 30 años. Las cosas aparentemente progresaban rápidamente, pero después de haber pasado su estancia en Lilybaeum, nunca abandonó con gusto Roma. Como tal, su negativa a las gobernaciones provinciales llevó a Cicerón a concentrarse en el trabajo legal, a través del cual prosperó tanto monetaria como políticamente. Un buen ejemplo de esto es In Verrem, un discurso que tiene un mensaje relevante para los problemas actuales del patrimonio cultural y la guerra.

En 69 a. C. Cicerón fue elegido edil y en 66 a. C. se convirtió en pretor, nuevamente, nuevamente a la edad mínima que era 40 años.

Cicerón y las reformas sociales

Entre 66 y 63 a. C. las opiniones políticas de Cicerón se volvieron más conservadoras, especialmente en contraste con las reformas sociales propuestas por Julio César, Cayo Antonio y Catilina. Sin embargo, Cicerón siguió cosechando éxitos políticos y nace obtuvo el consulado de 63-62 a. C., una vez más, a la edad mínima, 42. Además ganó las elecciones al consulado con el mayor número de votos conseguido hasta entonces. Fue en esta época cuando Cicerón salió con éxito de la “Conjuración de Catilina”, y bajo el poder del Senatus consultum ultimum puso dio muerte a los revolucionarios que habían sobrevivido hasta ese momento. Esto llevó a Catón a llamar a Cicerón pater patriase, “padre de la patria”.

El exilio

Fue a finales de 62 a. C. cuando se enemistó por primera vez el odio de Clodio contra él después de que Cicerón había frustrado la coartada de Clodio en un caso en que lo acusó de vestirse de mujer para ingresar a Bona Dea, un misterioso evento solo para mujeres. Este caso volvió a perseguir a Cicerón en 58 a. C., cuando Clodio, después de haber sido votado tribuno de la plebe, introdujo una ley retrospectiva que prohibía a cualquier romano que hubiera matado a un ciudadano romano sin un juicio.

Esta ley aprobada por Clodio se relacionó específicamente con las acciones de Cicerón durante la “Conjura de Catilina” cinco años antes, cuando los revolucionarios habían sido asesinados sin juicio, debido a la urgencia con la que la revuelta necesitaba ser sofocada. En marzo de 58 a. C., Cicerón abandonó Roma en el exilio. Además,  Clodio emitió un decreto en el que específicamente decretaba el exilio para Cicero y confiscaba sus propiedades en el Monte Palatino, que luego fue destruido. Sin embargo, el exilio fue de corta duración. Pompeyo, ayudado por el tribuno Milo, presionó para que, el 4 de agosto del 57 a. C., se aprobase una ley del pueblo que recordara a Cicerón.

Cicerón, Julio César y el triunvirato

Cicerón nunca había admirado el primer triunvirato,  y concretamente a Julio César y sus políticas radicales. A pesar de esto, César siempre se mantuvo bastante cordial con Cicerón, a quien cuando se creó el primer triunvirato había sugerido la posibilidad incluirlo en la alianza.

Fueron los principios de Cicerón los que evitaron tal eventualidad, pues no estaba dispuesto a entablar ninguna relación política con alguien cuyas opiniones eran tan opuestas a las suyas. En 56 a. C., este sentimiento todavía se podía observar en cartas que envió a sus amigos en las que expresaba cómo su orgullo fue aplastado después de tener que aceptar la situación política.

A medida que la política de la Roma republicana empeoró en los años 50 a. C., Cicerón comenzó a escribir filosofía y retórica, tal vez como una forma de escapar de las situaciones negativas con las que tuvo que lidiar. En 55 a. C., Cicerón escribió De oratore, tres libros sobre retórica y en el año 54 a. C. fue vilipendiado aún más por los triunviros por defender a aquellos que eran sus enemigos, Vatino y Gabinio. Por si fuera poco, Cicerón fracasó en su defensa de Milo, un hombre vital para su regreso a Roma. A pesar de los intentos de Cicerón, Milo fue enviado al exilio. Solo hubo un ligero consuelo para Cicerón cuando fue elegido augur en agosto del 53 a. C.

Los últimos años de Cicerón

Entre el 51 al 50 a. C. Cicerón marchó para ejercer el gobierno de la provincia de Cilicia y cuando regresó a Roma la ciudad estaba al borde de la guerra civil, por lo que al poco de regresar Cicerón dejó la ciudad una vez más. Pero nada más empezar el año 47 a. C. César y Pompeyo finalmente resolvieron sus diferencias y Cicerón pensó que era seguro regresar a la ciudad.

Sin embargo, las cosas no mejoraron para él, esta vez fue por razones privadas más que públicas. En 46 a. C., Cicerón se divorció de su esposa Terentia, con quien estuvo casado durante casi treinta años y poco después se casó con Publilia. Al año siguiente murió su hija Tulia y la falta de simpatía que mostró su segunda esposa la llevó a divorciarse.

Las cosas empeoraron para Cicerón por el hecho de que cada vez era más evidente que César no iba a restablecer la constitución republicana. Ante esta situación, Cicerón se refugió en la escritura componiendo algunas de sus mejores obras, ya que su carrera política no podía prolongarse durante mucho más tiempo al haber apoyado, sin éxito, una nueva Constitución.

En 45 a. C. compuso Consolatio, una obra sobre la muerte de grandes hombres, y el Hortensio, que es una súplica para estudiar filosofía. En este año también se escribió un panegírico ahora para Catón, que el propio César respondió con el Anticato. Con el asesinato de César en el año 44 a. C., hubo una vez más una gran agitación política en Roma, con el comienzo de la Roma imperial, y esto fue lo que finalmente condujo a los eventos de la ejecución de Cicerón.

¿Cómo murió Marco Tulio Cicerón?

Cuando el segundo triunvirato entre Octavio, Lépido y Marco Antonio se puso en marcha, como resultado de la propaganda de Cicerón contra Marco Antonio su nombre estaba en la primera lista de personas a las que Antonio había señalado. En diciembre del año 43 a. C. se decretó su ejecución mediante el procedimiento de la decapitación, después de que los triunviros hubiesen dispuestos eliminar a todo aquel que pusiese en peligro sus planes. Tanto sus manos como su cabeza fueron exhibidas en el Rostra del Foro en Roma.

Libros de Cicerón

A lo largo de su vida Cicerón escribió múltiples obras y discursos de carácter político, retórico y filosóficos. Entre sus escritos más conocidos se encuentran De officiis, escrito a modo de recopilación de cartas que supone una dura crítica a los dictadores y en donde pone en duda la moralidad de las torturas; Hortensius, obra actualmente perdida, admirada por San Agustín y de la que conocemos algunos fragmentos por citas que autores posteriores hicieron de ella; De re publica, una obra en las que Cicerón analiza las diferentes formas de gobierno a mediante la forma de un diálogo entre el autor y Escipión Emiliano, Lelio y otros personajes.

Frases de Cicerón

A continuación te dejamos alguna de las frases pronunciadas por Cicerón que más definen su filosofía.

  • Hay enfermedades del alma más perniciosas que las del cuerpo.
  • Que las armas cedan a la toga.
  • Somos esclavos de las leyes para poder ser libres.
  • De hombres es equivocarse, de locos persistir en el error.
  • El cultivo de la memoria es tan necesario como el alimento para el cuerpo.
  • A pesar de que ya soy mayor sigo aprendiendo de mis discípulos.
  • Nunca ofendas a un amigo, ni siquiera en broma.

Los discursos en Roma antes de Cicerón

Hasta la entrada en escena de Cicerón, nunca antes se había pensado que los discursos de los abogados se pronunciasen para otros que no fuesen los jueces y las partes. Tampoco, hasta entonces, un abogado había hecho recoger y publicar los discursos forenses, salvo en los casos especiales en los que el asunto se encontraba relacionado con negocios de Estado. Quinto Hortensio, el abogado más ilustre de Roma, no había terminado hasta ese momento más que unas pocas publicaciones de ese estilo.

Los discursos en la antigua Roma tras Cicerón

Sin embargo, su sucesor en el principado del Foro, Cicerón, al mismo que hablaba a diario ante los tribunales, también era un prolífico escritor que se preocupaba en poner poner escrito sus alegatos. La entrada del género de los alegatos en la literatura supuso un síntoma fatal en la antigua Atenas. En cambio, en Roma, el nuevo género fue aceptado de manera rápida, tal vez por la influencia de su contacto con la arenga política o porque el pueblo romano, carente de poetas y retóricos, veía en este nuevo género un terreno fecundo.

Características de la obra de Cicerón

A Cicerón se le debe que la elocuencia obtuviera carta de naturaleza dentro de las letras romanas. Hombre de Estado como era. Sin grandes miras y sin un objetivo claro, Cicerón fue un instrumento pasivo de la monarquía, que cuando se mostraba enérgico en la acción era porque la cuestión ya estaba resuelta. En la Conjuración de Catilina, Cicerón no hizo otra cosa que dejar hacer.

En cuanto a lo que a la literatura se refiere, Cicerón es el creador de la prosa latina moderna. Practicó en los más diversos trabajos, cantando en hexámetros las grandes empresas de Cayo Mario. Y es que Cicerón sentía pasión por escribir. Le daba igual el asunto del que se tratase. Tenía naturaleza de periodista, era rico en expresiones y no había género literario que no fuese capaz de cultivar.

En sus epístolas, encontramos un fiel retrato de como era Cicerón. Estas epístolas están consideradas el diario de Roma y la campiña. En ellas, expone bien los hechos, revistiéndolos de anécdotas picantes, excitando el sentimentalismo de sus lectores y anima a la aridez del asunto jurídico por medio de su ingenio. En definitiva, sus discursos son de una lectura amena y fácil en un idioma, el latín popular, que se encontraba próximo a su muerte, recogiendo en esta legua sus numerosos escritos, los cuales tienes más valor aún si recordamos que antes de Cicerón no habían existido grandes prosistas en Roma.

Fuentes y referencias