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Cartago

¿Cuál es el origen de Cartago?, ¿quién la conquistó?, ¿cómo se llamaban los fenicios de Cartago?, ¿dónde se asentaron los cartagineses? Aquí te respondemos a estas y otras muchas preguntas sobre la antigua ciudad del norte de Túnez.

Ruinas de Cartago
Ruinas de Cartago

¿Qué es Cartago?

Cartago fue una ciudad-estado fenicia situada en la costa del norte de África —en  la actual Túnez— que, antes del conflicto armado entre romanos y púnicos conocido como Guerras Púnicas (264-146 aC), era la entidad política más grande, rica y poderosa del Mediterráneo. La ciudad era conocida originalmente como  Kart-hadasht —ciudad nueva— para distinguirla de la cercana ciudad de Útica. Los griegos llamaron a la ciudad  Karchedon  y los romanos Cartago.

Fundación de Cartago

Según la leyenda, Cartago fue fundada en el 814 a. C. por Elisa, una reina fenicia legendaria más conocida como Dido. La reina, supuestamente estaba huyendo de su hermano, el tirano Pigmalión. La historicidad de este mito no es segura, pero sí se sabe que la ciudad fue fundada por esta época.

Tras llegar al norte de África, la leyenda asegura que el lider bereber que controlaba la zona le dijo a Dido que allí podría tener inmensas tierras y la reina cortó una piel de buey en tiras, la colocó en una colina que más tarde se conocería con el nombre de Birsa y la reclamó para su pueblo.

Poco después aumentó de tamaño gracias a la llegada de refugiados procedentes de la ciudad de Tiro, quienes huyeron de la ciudad tras las conquistas de Alejandro Magno del 332 a. C. Posteriormente se expandió hasta convertirse en la sede del Imperio cartaginés y llegó a fundar varias colonias a lo largo de la costa norteafricana, en Sicilia, España y otros lugares. Todo este esplendor se vendría abajo después de las Guerras Púnicas entre romanos y cartagineses que elevaron a Roma a la antigua posición de Cartago, esto es, a la mayor potencia mediterránea.

¿Cómo era la ciudad de Cartago?

A continuación te dejamos un vídeo de la UNESCO de una reconstrucción de Cartago en 3D para que puedas hacerte una idea de cómo era la ciudad.

Historia de Cartago

La historia de la ciudad de Cartago tradicionalmente se divide en cinco períodos:

  • Cartago en la antigüedad (República Púnica 814-146 a. C.)
  • Cartago en época romana (146 a. C. – 439 d. C.)
  • Cartago en época vándala (439-534)
  • Cartago bizantina (Exarcado de África 534-698)
  • Cartago en época árabe (Cartago islámica 698-1270)

Las épocas más interesantes son las dos primera, por lo que en este artículo nos centraremos principalmente sobre la Cartago de la antigüedad y de época romana.

En 698, la ciudad fue conquistada durante la invasión árabe musulmana que se hizo con el control del norte de África y más tarde de la península Ibérica. Después, sería reconstruida, aunque a una escala más modesta en comparación con su época de apogeo, hasta que fue completamente destruida bajo el reinado de Muhammad I al-Mustansir (1228-1277) después de derrotar la invasión cristiana de la Octava Cruzada de 1270. El sitio continuaría habitado, aunque las antiguas ruinas fueron abandonadas hasta la década de 1830, cuando comenzaron las excavaciones modernas.

Cartago en la antigüedad

El reinado de Dido es descrito por el poeta romano Virgilio y otros autores clásicos como un periodo en el que la ciudad pasó de ser pequeña comunidad en la colina a una gran metrópoli. Estos primeros momentos pertenecen al ámbito de la leyenda, pero Cartago, que inicialmente parece haber sido un puerto menor en la costa donde los comerciantes fenicios se detenían para reabastecer o reparar sus barcos, se convirtió en un importante centro comercial en el siglo IV a. C.

La ciudad se desarrolló significativamente después de la destrucción de Alejandro Magno, convirtiéndose en un centro industrial y comercial dependiente de Tiro —considerada la metrópoli de Cartago— desde el 332 a. C., año en que un importante número de refugiados fenicios huyeron de de ella con destino a Cartago.

Los recien llegados tirios llevaron consigo importantes riquezas riqueza, desembarcaron en Cartago con medios considerables haciendo que la nueva ciudad prosperase y se convirtiese como el nuevo centro del comercio fenicio.

Los cartagineses establecieron una relación de trabajo con las tribus  de la zona, conocidas como los masesilos y los masilios del Reino bebeber de Numidia. Estas tribus locales constituirían casi la totalidad del ejército cartaginés, principalmente como excelentes tropas de caballería. Desde un pequeño pueblo en la costa, la ciudad creció en tamaño y grandeza con grandes propiedades que abarcaban un extensa superficie.

República Púnica

El gobierno cartaginés, constituido en un primer momento como una monarquía, en el siglo IV a. C. pasó a ser una república basada en la meritocracia —gobierno de la élite—. El cargo de mayor rango lo ocupaban dos magistrados electos conocidos como sufíes —jueces—, que gobernaban junto con un senado de entre 200 y 300 miembros que ocupaban el cargo de por vida. Las leyes se aprobaban en una asamblea de ciudadanos que votaba sobre las medidas propuestas por los sufíes y el Senado. Los aristócratas vivían en palacios, los menos ricos en casas modestas pero atractivas y las clases bajas en casas o cabañas fuera de la ciudad.

Los tributos y las tarifas aumentaron regularmente la riqueza de la ciudad, a lo que hay que añadir lucrativo negocio del comercio marítimo. Los puertos de la ciudad eran inmensos, con 220 muelles y columnas brillantes que se alzaban a su alrededor en semicírculo, frente a imponentes arcos y edificios adornados con  esculturas griegas.

Cartago tenía dos puertos, uno dedicado al comercio y otro para buques de guerra, que operaban de manera continua en labores de reabastecimiento, reparación y equipamiento de embarcaciones. Los barcos mercantes cartagineses navegaban diariamente a puertos de todo el Mar Mediterráneo mientras su armada, dominante en la región, los mantenía a salvo y, también, abrían nuevos territorios aptos para el comercio, a la vez que  conquistaba nuevos territorios que permitían a los cartagineses construir un imperio.

La ciudad tenía cuatro barrios residenciales, que crecieron alrededor de la ciudadela de Birsa, la cual estaba en el centro y rodeada de una muralla de 37 kilómetros de longitud desde los puertos hacia el interior. La ciudad tenía todos los servicios y comodidades de cualquier gran ciudad de la antigüedad, tales como un teatro para el entretenimiento, templos para celebraciones religiosas, una necrópolis, un ágora o mercado, pero a una escala mucho mayor.

Su deidad patrona era la diosa del amor y la fertilidad, Tanit, que era adorada junto a su consorte Baal-Hamon. Es posible que los niños fueran sacrificados a Tanit en el recinto sagrado conocido como tofet, aunque esta es una cuestión ampliamente debatida, siendo probable que el Tofet de Cartago fuera simplemente una necrópolis reservada para bebés y niños.

La economía de Cartago

La riqueza de la ciudad se debió no solo a su posición ventajosa en la costa norteafricana de Túnez, desde la cual podía controlar el tráfico marítimo, sino también a la habilidad de sus gentes en cuestiones agrícolas. El autor Mago de Cartago escribió una obra de 28 volúmenes dedicados a la agricultura y a la veterinaria, que se considera la más completa de su tiempo, y refleja el profundo interés de los cartagineses por la agricultura y la ganadería.

Las obras de Mago se consideraban tan importantes que se encontraban entre las pocas que los romanos evitarían destruir después de la derrota de Cartago en 146 a. C. Por desgracia no queda nada de aquella obra, solo las referencias que hacen de ella varios autores romanos.

Los cartagineses plantaron árboles frutales, uvas, olivos y vegetales en jardines regados por pequeños canales, llegando a expandir su cultivo fuera de los muros de la ciudad. La fertilidad de la tierra y su experiencia en el cultivo aumentaron la riqueza de la ciudad a través del comercio con el interior, así como el comercio marítimo con otros lugares, lo que permitió que Cartago continuase floreciendo económica y territorialmente, pues con su salida al exterior amplio su área de influencia.

Fue esta expansión la que llevó a Cartago a entrar en conflicto con otros pueblos. Entre el 310 y el 307 a. C., el norte de África fue invadido por Agatocles de Siracusa, quien intentó someter a Cartago y utiliza su riqueza para financiar sus propias guerras. Agatocles pudo mantener a su ejército fácilmente de la tierra porque los cultivos crecían en abundancia. Solo fue derrotado porque los libios y bereberes, que eran quienes trabajaban la tierra, se pusieron del lado de los cartagineses. Finalmente, Agatocles fue expulsado del norte de África y Cartago continuó prosperando hasta que entró en conflicto con Roma, por aquel entonces solo una pequeña ciudad-estado en el río Tíber en Italia.

Las Guerras Púnicas

La Primera Guerra Púnica

El control de Sicilia quedo dividido entre Roma y Cartago, quienes apoyaron a dos facciones opuestas en la isla, lo que provocó que ambas potencias entrasen en conflicto. Estos enfrentamientos se conocen como Guerras Púnicas por el término que los fenicios utilizaban para referirse a los ciudadanos de Cartago.

Cuando Roma todavía no era una potencia no representaban ninguna amenaza para Cartago. La armada cartaginesa había sido capaz de que se respetase el tratado que impedía a la República romana comerciar en el Mediterráneo occidental. Sin embargo, al comienzo de la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.), Roma demostró ser mucho más hábil y poderosa de lo que Cartago había imaginado.

Aunque no poseía una armada y no tenían experiencia en batallas marítimas, Roma construyó rápidamente varios centenares de barcos que equiparon con rampas y pasarelas —corvus— que permitían desembarcar en un barco enemigo y convertir el enfrentamiento naval en una batalla terrestre.

Tras una serie de luchas iniciales muy parejas, Roma consiguió una serie de victorias y finalmente derrotó a Cartago en 241 a. C., que se vio obligada a ceder Sicilia a Roma y pagar una fuerte  indemnización de guerra .

La Segunda Guerra Púnica

Después de esta primera contienda contra Roma, Cartago se vio envuelto en la conocida como “Guerra de los Mercenarios” entre el 241 y el 237 a. C.,que comenzó cuando los mercenarios del ejército cartaginés exigieron el pago que Cartago les debía. En esta guerra Cartago salió victoriosa, sobre todo gracias a los esfuerzos del general  Amílcar Barca, padre del famoso Anibal Barca que sería protagonista en la Segunda Guerra Púnica .

Como consecuencia de la Primera Guerra Púnica, Roma ocupó las colonias cartaginesas de Cerdeña y Córcega. Como respuesta, Cartago intentó expandir sus dominios hacia la península Ibérica, pero nuevamente estallaría un conflicto bélico con Roma cuando Aníbal atacó la ciudad de Sagunto en el 218 a. C., aliada de los romanos en Hispania.

La Segunda Guerra Púnica se libró entre el 218 y el 202 a. C., en gran medida en el norte de Italia, cuando Aníbal invadió Italia al marchar desde Hispania con sus fuerzas sobre los Alpes. Aníbal salió victorioso de todos los enfrentamientos contra los romanos en Italia. En 216 a. C. obtuvo su mayor victoria en la  Batalla de Cannas, pero al carecer de suficientes tropas y suministros no pudo sacar rédito sus éxitos. Finalmente, Anibal fue derrotado por el general romano Escipión el Áfricano en la batalla de Zama, librada en el norte de África en 202 a. C. Después de esta derrota Cartago volvió a solicitar la firma de un tratado de paz con Roma.

Teniendo que hacer frente, nuevamente, a una fuerte indemnización de guerra, Cartago luchó para pagar su deuda mientras trataba de defenderse de las incursiones de la vecina Numidia, por entonces bajo el gobierno del rey Masinisa, un antiguo aliado de Roma durante la Segunda Guerra Púnica y que recibió el apoyo romano en su decisión a atacar Cartago.

Los cartagineses no rechazaron el envite y entraron en guerra contra el reino de Numidia, pero al hacerlo estaban violando el tratado de paz firmado con Roma, el cual prohibía a Cartago movilizar ejércitos. Ante el ataque de Masinisa a Cartago no le quedó más remedio que responder. Además, los cartagineses pensaban que tras el pago de la indemnización a Roma habían dado por liquidado el tratado de paz firmados con los romanos.

En realidad, a Roma no le importaba el enfrentamiento entre el reino de Numidia y Cartago, pero si veía con recelo la militarización de estos últimos, pues podían suponer una amenaza en sus planes de expansión por el Mediterráneo.

Ante esta confusión, Roma envió una embajada a Cartago que presentó una lista de demandas que incluían la estipulación de que Cartago fuera desmantelada y luego reconstruida en un lugar más alejado de la costa, negando así su posición ventajosa en el comercio que venía ostentando desde hacía tiempo. Los cartagineses, comprensiblemente, se negaron a hacerlo y  comenzó la  Tercera Guerra Púnica que se extendió entre el 149 y 146 a. C.

La Tercera Guerra Púnica

El general romano  Publio Cornelio Escipión Emiliano asedió Cartago durante tres años hasta que consiguió tomarla. Después de saquear la ciudad, los romanos la quemaron hasta que no quedó en pie ninguna construcción. Desde entonces surgió un mito que decía que los soldados romanos sembraron las ruinas con sal para que nada volviera a crecer allí, sin embargo este mito no tiene ningún sustento histórico. Se dice que Escipión Emiliano lloró cuando ordenó la destrucción de la ciudad y se comportó de manera benevolente con los supervivientes del asedio.

Cartago romana

Utica se convirtió en la capital de las provincias africanas de Roma. Sobre las ruinas de Cartago, el tribuno Cayo Sempronio Graco fundó en el 122 a. C. una pequeña colonia. Sin embargo, los problemas políticos de Cayo y el recuerdo de las guerras púnicas aún demasiado reciente provocaron el fracaso de la colonia.

Julio César, más tarde, propuso y planeó la reconstrucción de Cartago, pero esto no se llevó a cabo hasta 5 años después de su  muerte. El poder entonces cambió de Útica a la nueva Cartago, que se convirtió en el granero de Roma debido a la misma prosperidad agrícola que había permitido el antiguo esplendor cartaginés. De hecho, Cartago continuó siendo una importante colonia romana hasta que cayó ante los vándalos bajo su rey Genserico en el año 439.

A medida que se expandía el cristianismo, Cartago aumentó su importancia. El propio Agustín de Hipona contribuyó a su prestigio residiendo y enseñando en ella durante un tiempo. La ciudad fue considerada tan ilustre que en el 397 se celebró el Concilio de Cartago; una serie de sínodos que confirmarían el canon bíblico para la Iglesia occidental, legitimando los textos que formarían parte de la Biblia.

Los Vándalos y Cartago

La invasión de los vándalos en el norte de África no pudo detener el desarrollo del cristianismo en Cartago, pero las tensiones aumentarían entre los cristianos arrianos —principalmente los vándalos— y los cristianos trinitarios como lo hicieron en otros lugares. Dicho enfrentamiento terminó con los vándalos haciéndose con el control de la nueva Cartago.

Los vándalos, con su rey Genserico al frente, aprovecharon al máximo la ubicación de la nueva ciudad y atacaron a todos los barcos que pasaban por la zona y las ciudades costeras. Los intentos romanos de desalojarlos fracasaron, por lo que al final se firmó un tratado entre Genserico y Valentiniano III en el 442 en el que se reconocía al Reino del Vándalo del Norte de África como una entidad política legítima y se establecían unas relaciones pacíficas entre este y Roma.

Sin embargo, cuando Valentiniano III fue asesinado en 455, Genserico decidió ignorar el tratado creyendo que era un acuerdo personal entre él y el antiguo emperador. Navegó hacia Roma y saqueó la ciudad pero, a petición del Papa, León I, no atacó a la población romana. Después, los vándalos continuarían controlando Cartago,  beneficiándose de su estratégica ubicación, hasta después de la muerte de Genserico.

El control vándalo de la ciudad continuó hasta la llegada al trono vándalo de Gelimer, un rey cristiano arriano, que recuperó la antigua persecución de los cristianos trinitarios. Esto enfureció al emperador romano de Oriente, Justiniano I, un trinitario, quien envió a su general Belisario al norte de África para poner fin a los ataques. Belisario ganó la Guerra Vandalica, un enfrentamiento de corta duración —entre el 533 y 534—, que terminó con Gelimer hecho prisionero y conducido a Constantinopla encadenado, y con el paso de Cartago a manos del Imperio Bizantino bajo el cual continuó floreciendo.

En los próximos días iremos ampliando la información sobre Cartago. ¡No te lo pierdas!

Fuentes y referencias:

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Cartago es una antigua ciudad fundada por los fenicios que en el siglo IV a. C. se convirtió en la gran potencia del Mediterráneo. Situación que mantuvo hasta el enfrentamiento con Roma conocido como Guerras Púnicas.
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