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Filosofía y pensamiento de San Agustín

Descubre quién fue y qué hizo San Agustín, obispo de Hipona y uno de los pensadores más destacados de la Edad Antigua tardía. Todo ello en una biografía clara y amena, así que si piensas que la historia y la filosofía son aburridas te equivocas.

¿De dónde era y cuándo nació San Agustín?

Aurelio Agustín, que así es como se llamaba, nació en noviembre del 354 en la antigua ciudad de Tagaste, situada en el norte de África, en la actual Souk Ahras, y que por aquel entonces era una provincia del Imperio Romano.

¿Quién fue San Agustín de Hipona?

San Agustín o Agustín de Hipona, gozaba de una personalidad compleja y su pensamiento fluctúa entre el deseo de encontrar a Dios y la duda e interrogación constantes convertidas en método de profundización en la propia interioridad.

Escribió una inmensa obra en donde destacan escritos de carácter personal, ensayos sobre teología y filosofía y comentarios de exégesis bíblica. Además, Con su palabra combatió los movimientos cismáticos o heréticos.

Aunque han pasado diecisiete siglos desde la muerte de San Agustín, su palabra y su pensamiento aún continúan vivos. Su obra Confesiones sigue estando vigente hoy en día. Se trata del mejor y más personal documento sobre su vida en los años que se forjó su carácter. Las Confesiones de San Agustín son una fuente inagotable para comprender como entendía el obispo de Hipona que debía ser la relación entre el hombre y Dios.

Confesiones de San Agustín
Ejemplar de las Confesiones de San Agustín por Pedro de Ribadeneyra

Otra fuente fundamental para conocer la vida de San Agustín es la biografía que realizó su amigo Posidonio. Agustín y Posidonio se conocieron en Hipona y, desde entonces, este último sintió una profunda admiración por la persona de Agustín y su obra.

Obras de San Agustín

A lo largo de su vida, Agustín de Hipona redactó una gran cantidad de obras que, en su conjunto, suponen buena parte del dogma de la Iglesia cristiana durante la Edad Media y le llevaron a ser el primer doctor de la Iglesia.

Entre las obras de San Agustín destacan las Confesiones, pero de todos sus escritos puede extraerse algún punto de su pensamiento. De igual modo no hay que olvidarse de las Cartas, ejemplares de los que se conservan casi un millar y que nos permiten conocer aspectos personales del obispo de Hipona.

Biografía resumida de San Agustín

San Agustín nació el 13 de noviembre del 354 en la pequeña ciudad de Tagaste. us padres sabían que a través de la cultura y la educación su hijo podría aspirar a algún cargo público que le asegurase un cómodo futuro. Para ello, hicieron importantes esfuerzos económicos y con la ayuda de Romaniano, un vecino de la aristocracia local al que les unían lazos familiares, pudieron permitirse darle una educación de calidad a San Agustín.

La familia

Patricio, el padre de San Agustín era un funcionario civil, pagano que sólo asistía a misa de vez en cuando. Su madre, Mónica, que más tarde sería canonizada profesaba un cristianismo de raigambre profunda. Esta diferencia entre los padres provocó más de una tensión en la familia. San Agustín sentía un profundo respeto por su madre, aunque en ocasiones también mostraba su malestar por el carácter absorbente de este y por querer intervenir en todos los aspectos de la vida de Agustín.

Biografía de San Agustín
La conversión de San Agustín. Fra Angelico

San Agustín tuvo al menos dos hermanos: Navigio y Perpetua. Esta última, al quedar viuda, ingresó en un convento de monjas de la orden agustina que había fundado su propio hermano.

Primeros años de formación

Durante su infancia San Agustín fue un chico travieso al que le gustaba jugar y distraerse. Estudiaba sin excesivo esfuerzo en la escuela de primaria de Tagaste. Más tarde se trasladó a Madaura y pudo completar su formación con el trívium (didáctica, retórica y filosofía) y más tarde el cuadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). Sin embargo, Agustín nunca fue capaz de estudiar griego y sus lecturas de autores griegos las hizo a través de traducciones latinas posteriores.

A los dieciséis años su madre insistió en que marchase a Cartago para que pudiese seguir estudiando, pero antes tuvo que permanecer un año en Tagaste esperando a que su familia ahorrase dinero. Durante ese año el joven San Agustín se dedicó, junto con su grupo de amigos, a diferentes tipos de actividades ilícitas centradas en actividades sexuales, apuestas en el juego o algún robo.

El traslado a Cartago

En el 370 acompañado por un grupo de amigos San Agustín se traslada a Cartago, donde combinó los estudios con la diversión y los amoríos. A los diecinueve años compartía su vida con una chica y en el 372 fue padre de su único hijo, llamado Adeodato. Este mismo año Agustín lee el Hortensius de Cicerón, obra de vital importancia para el devenir del futuro obispo de Hipona, pues supuso un acicate en su vocación de pensador y a su voluntad de buscar la verdad a través de la razón.

Vida de San Agustín para niños
San Agustín de Francisco de Goya

El estudio y la lectura le llevaron durante su estancia en Cartago a entrar en la secta de los maniqueos. Se trataba de un grupo de personas con un alto grado de formación y con dotes oratorias. En un principio San Agustín creyó que el maniqueísmo era una explicación racional a las dudas que se planteaban sobre la existencia de Dios.

San Agustín como profesor

Cuando terminó sus estudios San Agustín se convirtió en profesor de retórica primero en Cartago y después en su ciudad natal, en Tagaste. Mientras tanto cada vez estaba más implicado en el movimiento maniqueo, pero tras un año en Tagaste se volvió a Cartago, donde abrió su propia escuela de retórica y empezó a distanciarse de los maniqueos, hasta que tras una entrevista con Fausto, un maniqueo de gran prestigio, le decepcionaron las respuestas de este a las preguntas que le planteaba y abandonó el maniqueísmo. Dando por cerrada de esta forma una etapa de su vida.

Agustín de Hipona en Italia

La segunda etapa de la vida de San Agustín se localiza entre Roma y Milán. A Roma viajó junto a uno de sus grandes amigos, Nebridio, y allí se reencontraron con otro gran amigo, Alipio. La amistad siempre fue para San Agustín imprescindible. Tras pasar algún tiempo en Roma como profesor se trasladó a Milán para ser profesor de retórica de Valentiniano II. En Milán, Agustín de Hipona asistiría a los sermones de Ambrosio, quien hacía unas interpretaciones de la Biblia que lo impresionaron, ya que eran radicalmente opuestas a lo aprendido a través de los maniqueos.

Movido siempre por la inquietud intelectual, San Agustín también se lanzó a la lectura de los textos neoplatónicos de Plotino. Estas lecturas serán clave, pues las ideas que de ellas rescata aparecerán reflejadas en sus obras posteriores. Por recomendación de Ambrosio también comenzó la lectura de los escritos de San Pablo recogidos en la Biblia.

El bautismo de San Agustín
El bautismo de San Agustín

Y así llegamos al año 386. Año de la conversión al cristianismo de San Agustín. Sin embargo, la conversión intelectual había estado gestándose durante mucho tiempo antes. Hasta Milán se había desplazado también su madre, y junto con unos amigos se retiraron en el otoño de ese año a una finca en Casiaciaco, a unos 30 km al norte de Milán, donde tuvo tiempo para meditar, leer la Biblia y de iniciarse en una intensa actividad literaria. A mediados de octubre Agustín vuelve a Milán y en la vigilia de la Pascua del 387 recibe el bautismo del propio Ambrosio y en presencia de su madre.

Tras esto, San Agustín decide que ha llegado el momento de volver a África, y en otoño marcha al puerto de Ostia, desde donde tenía pensado embarcar hacia Cartago con su madre y sus amigos. Pero entonces, su madre, Santa Mónica, muere tras una corta enfermedad y el grupo decide posponer el viaje y pasar el invierno en Roma, tiempo que nuestro filósofo aprovechará para escribir.

El regreso a África

Finalmente regresan a África en otoño del 388. Se instalan cerca de Tagaste y, tras haber hecho voto de pobreza y renunciar a la propiedad privada, fundan una comunidad en la que San Agustín emplea todo lo obtenido con la venta de sus bienes inmuebles.

Hasta el 391 San Agustín vive en comunidad con sus compañeros, actuando como padre espiritual y llevando una vida de contemplación y meditación totalmente retirados de las actividades públicas. Aunque desplegando una gran actividad literaria. Pero entonces, en el 391 se traslada a Hipona, a 100 km de Cartago, sede del obispado de la diócesis de África y gran puerto en el Mediterráneo, con un trasiego constante de mercancías y personas.

Pero la vida en Hipona para un sacerdote no era fácil. Con frecuencia se producían incursiones de pueblos del interior hacia asentamientos rurales que rodeaban la ciudad, que asesinaban a los sacerdotes de esas poblaciones. Además, en tiempos de San Agustín existían movimientos que se oponían a la expansión del cristianismo como los donatistas.

San Agustín obispo de Hipona

Una vez en Hipona, San Agustín fue ordenado sacerdote. En un terreno cercano a la catedral de Hipona fundo su comunidad, conocida como el Monasterio del Jardín. Allí dedicó su tiempo a poner por escrito sus inquietudes y pensamientos, pero también pasó de una vida contemplativa a otra más activa. Pero la gran valía de su labor en la diócesis le supuso el nombramiento como obispo auxiliar en el 395 y como obispo titular en el 396, a la muerte de Valerio, obispo hasta entonces.

San Agustín se comprometió entonces a combatir los movimientos heréticos como el donatismo y el pelagianismo, siempre desde la palabra escrita o predicada. En el año 400 se publican sus famosas Confesiones y a partir de entonces escribirá los grandes tratados sobre cuestiones teológicas e interpretación de las Sagradas Escrituras.

El saqueo de Roma y muerte de San Agustín

En el año 410, los godos con su rey Alarico al frente entraron en Roma y la saquearon. Hecho que fue interpretado como el fin de una era y que recrudeció el enfrentamiento entre cristianos y herejes. Así las cosas, en el 429 los vándalos expulsados de la península Ibérica invadieron el norte de África, sitiaron varias ciudades, entre ella Hipona, acontecimiento en el que moriría San Agustín el 28 de agosto del 430.

Agustín de Hipona en la actualidad

Parece que por San Agustín no pasasen los años, su influencia en la Edad Media fue notable, incluso se trata de uno de los personajes más representados entre los pintores de los siglos posteriores. Hoy en día su obra y su pensamiento se estudian en colegios e institutos. Las Confesiones o La Ciudad de Dios son probablemente las dos obras más famosas de uno de los grandes pensadores de la Historia. Pero, ¿cuáles son sus principales teorías filosóficas? A continuación te lo contamos.

Filosofía de San Agustín

Agustín de Hipona y el platonismo

San Agustín es la figura culminante del platonismo cristiano, una corriente platónico-agustiniana que será predominante en los comienzos de la Edad Media. Agustín de Hipona conoció el platonismo principalmente a través de dos obras de Platón: el Timeo —obra dedicada a exponer el origen y la formación del universo— y el Fedón —trabajo dedicado al tema de la inmortalidad y de su afinidad con las ideas—.

San Agustín de Hipona filósofo
San Agustín en su gabinete. Fresco de la iglesia de Ognissanti, Florencia (S. Botticelli, 1480)

El contacto de San Agustín con el platonismo le produjo la firme convicción de que este es afín al contenido de la fe cristiana. Y es que el pensamiento del obispo de Hipona se pone al servicio de la fe cristiana y su monumental obra constituyó la más importante fuente de inspiración del medievo occidental. Otra obra que también mucho en el pensador de Hipona fue el Hortensius de Cicerón.

La fe y la razón en el pensamiento de San Agustín

San Agustín nunca se preocupó de trazar una frontera entre la fe y la razón. Piensa que ambas, de manera conjunta, tienen como misión esclarecer la verdad, que para un creyente esta no puede ser otra que la verdad cristiana. El objetivo Agustín de Hipona es la comprensión de la verdad cristiana y a este fin colaboran razón y fe.

La actitud agustiniana ante la fe y la razón proviene de la convicción de que la verdad es única. Solo hay una verdad, la que se encuentra en el cristianismo, y al ser humano le interesa alcanzarla y esclarecerla por todos los medios posibles.

Basta un vistazo a la vida de San Agustín para darse cuenta su propósito de acercarse a la verdad. Aurelio Agustín estaba convencido que la investigación racional conducía a la verdadera felicidad que sería el encuentro con Dios, la verdadera sabiduría. Y es que a diferencia de místicos como Santa Teresa o San Juan de la Cruz, San Agustín aborda el encuentro con Dios desde la racionalidad.

Vida de San Agustín para niños
San Agustín de Francisco de Goya

El autotrascendimiento del hombre

En el pensamiento agustiniano el punto de partida para la búsqueda de la verdad se halla en la intimidad de la conciencia. San Agustín hace una llamada a la interiorización.

Tanto para él como para el neoplatonismo replegarse sobre uno mismo es el punto de partida. El primer paso consiste en que el hombre constate que su propia naturaleza es mutable, mientras que las ideas, auténtico objeto de conocimiento, son inmutables y necesarias. Para San Agustín el alma conoce las verdades inmutables por una iluminación divina.

Según San Agustín, el ser humano se caracteriza por una búsqueda constante que lo lleva a autotrascenderse. Un único movimiento de autotrascendimiento que se despliega tanto en el conocer como en el querer, en busca de la propia plenitud y felicidad. Pero al hombre solo lo puede hacer feliz algo superior a él, Dios. Por eso la felicidad se halla en el amor a Dios, pero al ocuparse de la felicidad y el amor, Agustín prescinde de toda distinción entre razón y fe.

La existencia de Dios en San Agustín

Dada su preferencia por la vía de la interioridad, no debe extrañarnos que San Agustín no se preocupe por formular argumentaciones tomadas de la realidad exterior, del universo, para demostrar la existencia de Dios. La auténtica prueba agustiniana de la existencia de dios es la que parte de las ideas. La naturaleza de las ideas, su carácter inmutable, contrasta con la mutabilidad de la naturaleza humana, de ahí que al tratar de definir el atributo fundamental de Dios, San Agustín insista en la inmutabilidad como su atributo primero.

La naturaleza del alma

El pensamiento agustiniano está fuertemente influido por el platonismo. En el ser humano existen dos sustancias distintas: una espiritual y otra material. El hombre no es su cuerpo, ni tampoco un conjunto de cuerpo y alma, sino el alma: El hombre es un alma racional que se sirve de un cuerpo mortal y terrestre.

Biografía de San Agustín
La conversión de San Agustín. Fra Angelico

En el alma San Agustín distingue dos aspectos: la razón inferior y la razón superior.

  • La razón inferior tiene como objeto la ciencia, esto es, el conocimiento de las realidades mutables y sensibles.
  • La razón superior tiene como objeto la sabiduría, el conocimiento de lo inteligible, de las ideas, con el fin de que sea posible elevarse hasta Dios.

San Agustín niega la preexistencia y la rencarnación de las almas, lo que le llevó a defender el traducianismo, doctrina según la cual las almas de los hijos provienen de las de los padres.

La libertad y el problema del mal en San Agustín

El cristianismo había puesto en primer plano la libertad individual como posibilidad de elección entre el bien y el mal. La afirmación de la libertad y la experiencia de ella es un elemento fundamental de la antropología cristiana. El hombre es libre para aceptar o no aceptar el mensaje cristiano y, por lo tanto, para salvarse o condenarse. Esto mismo es lo que pensaba San Agustín.

La experiencia cristiana de la libertad es una experiencia dramática, ya que la libertad se halla amenazada por la corrupción de la naturaleza, que inclina al ser humano hacia el mal, y por la fuerza de gracia, que lo empuja hacia el bien.

Estrechamente relacionada con el tema de la libertad se halla la cuestión del origen y la naturaleza del mal. En su juventud, San Agustín trató de hallar solución a este problema adhiriéndose al maniqueísmo, doctrina según la cual existen dos principios: uno del bien y otro del mal. Posteriormente, abandonó la explicación maniquea y abrazó la de Plotino, según la cual el mal no es algo positivo, sino una privación, una carencia de bien. Por tanto, al no ser algo positivo no puede ser atribuido a Dios.

El pecado y el bautismo

Según San Agustín los seres humanos eran libres para escoger entre hacer el bien o el mal, o lo que es lo mismo, entre pecar o no pecar. Sin embargo, a pesar de que una persona eligiese hacer el bien esta ya se encontraba condenada de ante mano por el pecado original cometido por Adán. De esta forma Aurelio Agustín explicaba la existencia del mal en el mundo.

San Agustín profundizó y clarificó más de lo que había hecho Tertuliano, San Cipriano o San Ambrosio la diferencia entre castigo y pecado, y sus teorías se convirtieron en la doctrina oficial de la Iglesia en torno a este punto. Así pues, la mancha del pecado original permanecía en el hombre durante toda su vida y solo se curaría con la muerte y su paso a la vida eterna.

Además, durante la vida mundana de una persona las tentaciones que arrastran al hombre al pecado son innumerables e inconscientes, por tanto, no están sujetas a la libre voluntad. De esta forma San Agustín siembra un precedente a la teorías de Freud de la existencia de deseos inconscientes que llevan al hombre a realizar acciones contrarias al orden divino.

El celibato y el matrimonio seglar

Si en su juventud San Agustín mantuvo una actitud moderada en lo referente al celibato y al matrimonio seglar, en su madurez el obispo de Hipona endureció sus posturas, al igual que en cuanto a la actividad sexual dentro del matrimonio. Incluso en sus últimos años mantuvo una posición de rechazo absoluto del acto sexual, al cual demonizó como una manifestación del mal.

El Estado y la Historia según el obispo de Hipona

San Agustín puede ser considerado el primer pensador que analizó sistemáticamente el sentido de la historia universal. Pretende ir más allá de los puros hechos para interpretarlos y encontrarles un sentido.

La perspectiva adoptada por San Agustín ante la historia es primordialmente moral. Considera que existen dos grandes grupos de seres humanos: los que se aman a sí mismos, hasta llegar a despreciar a Dios, y los que aman a Dios hasta llegar al desprecio de sí mismos. Los primeros constituyen la “ciudad terrena”, los segundos “la ciudad de Dios”. Ambas ciudades se hallan mezcladas en cualquier sociedad a lo largo de la historia, y la separación de los ciudadanos de una y otra no tiene lugar sino en el momento final de la historia.

Sin embargo, San Agustín insiste en la imposibilidad de que el estado realice auténticamente la justicia, a menos que su actuación esté guiada por los principios morales del cristianismo. Esto puede dar lugar a dos interpretaciones distintas: la primacía de la Iglesia sobre el estado y la minimización del papel del Estado.

San Agustín y el Universo

San Agustín planteó un modelo del universo relacionando la imposición de un orden geométrico sobre el caos, haciendo de la teología de la creación que aparece en la Biblia un principio de su filosofía. Para el obispo de Hipona la creación del universo y todo lo que él contenía por la revelación de las leyes de la naturaleza, que habían sido establecidas por Dios, que solo podían ser modificadas por Él.

Influencia de la obra de Agustín de Hipona

La obra de San Agustín iluminó el pensamiento cristiano durante la Edad Media, incluso todavía hoy en día se debate sobre temas que el obispo de Hipona planteó, hasta tal punto que, además de uno de los padres de la Iglesia, se le considera el fundador del humanismo cristiano.

El conocido como agustinismo pasará desde entonces a estar subyacente en la manera de entender la función del hombre y la Iglesia en órdenes religiosas como las de los franciscanos y dominicos.

Agustín fue el primer pensador cristiano que puso el foco de atención en cuestión que después provocarían un intenso debate en el seno de la Iglesia. Algunos de estos temas fueron los límites de la libertad y la voluntad y su relación con la gracia de Dios, el equilibrio entre la omnipotencia y la omnisciencia divina o la existencia del mal.

San Agustín y las herejías

En sus años como obispo de Hipona, Agustín combatió diferentes movimientos religiosos considerados heréticos. Estos fueron principalmente tres: maniqueísmo, donatismo y pelagianismo. Además aquí recogemos el misticismo o el jansenismo, una controversia muy relacionada con el pelagianismo

  1. El maniqueísmo trataba de sincretizar influencias religiosas cristianas, judías, budistas y gnósticas. Para ellos existían dos principios creadores. Uno, el del bien, representado por Dios, y otro, el del mal, representado por Ahriman.
  2. El donatismo tuvo un gran éxito entre las clases populares y llegó a contar con un brazo armado que amenazaba a la población. Los donatistas consideraban que todos los hombres eran pecadores y, por tanto, ningún hombre podía administrar los sacramentos, por lo que estos no eran válidos.
  3. El pelagianismo defendía que el pecado original no afectaba a toda la humanidad, sino solo a Adán, que era quien lo había cometido, por lo que no era necesario el bautismo ni ninguno de los demás sacramentos para salvarse.

Frases de Agustín de Hipona

En la siguiente sección iremos añadiendo las frases más destacadas para comprender la filosofía de San Agustín.

  • Ama y haz lo que quieras.
  • Los milagros no son contrarios a la naturaleza, sino que solo son contrarios a lo que sabemos sobre ella.
  • Reza como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti.
  • Debes vaciarte de aquello de lo que estás lleno para que puedas llenarte de aquello de lo que estás vacío.
  • El hábito, si no se resiste, al poco tiempo se vuelve una necesidad.
  • La soberbia no es grandeza sino hinchazón, y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano.

El pensamiento de San Agustín en la Edad Media

En los siglos siguientes a su muerte, la filosofía de San Agustín dio lugar a un conjunto de tesis o afirmaciones que conforman la corriente del agustinismo. Algunas de estas tesis ya fueron formuladas explícitamente por San Agustín, mientras que otras solo lo estaban de un modo implícito y fueron desarrolladas al contacto con otros filósofos como Avicena en el siglo XI.

Escolasticismo y misticismo

Sus ideas pronto se dejaron sentir en dos corrientes de pensamiento que surgieron en el seno de la cristiandad durante la Edad Media: el escolastismo y el misticismo.

  • El escolastismo: sus máximos representantes fueron San Anselmo en el siglo XI  y Tomás de Aquino y Alberto Magno en el XIII. Y es que hasta el XIII no se discutieron las ideas agustinianas de fusión entre filosofía y teología, la preferencia por el idealismo de Platón sobre el racionalismo de Aristóteles, la acción iluminadora de Dios como fuente de todo conocimiento y la indivisibilidad del alma.

Para Tomás de Aquino era la predeterminación divina la que decidía que hombres se salvarían y cuales no.

  • El misticismo: representado en el siglo XII por Hugo de San Víctor, a quien sus contemporáneos denominaban en nuevo San Agustín, y por Buenaventura y Escoto en el siglo XIII.

San Agustín en la orden de los franciscanos

En los últimos siglos de la Edad Media el agustinismo encontró sus principales mantenedores en los filósofos de la orden franciscana. Las principales tesis de esta escuela fueron las siguientes:

  • El agustinismo mantuvo que la fe y la razón colaboran solidaria y conjuntamente en la explicación y esclarecimiento de la verdad cristiana.
  • El alma y el cuerpo son sustancias distintas y que el hombre es “un alma inmortal” que se sirve de un cuerpo mortal y terreno.
  • El agustinismo sostuvo la primacía de la voluntad sobre el entendimiento, del querer sobre el conocer. Una tesis que se denomina voluntarismo.
  • El agustinismo mantenía la teoría de la iluminación y que mediante ella la razón humana conoce las verdades universales, inmutables y eternas.
  • En el agustinismo todas las sustancias, excepto Dios, son compuestas de materia y forma (incluso las sustancias espirituales como los ángeles). Además, en las sustancias existía una pluralidad de formas.

Agustín en la reforma protestante

El debate sobre la gracia que San Agustín mantuvo con Pelagio y sus seguidores trajo a la palestra la cuestión de la predestinación. En el siglo XIV varios pensadores retomaron el tema, defendiendo que el ser humano estaba predestinado a la salvación o la condena independientemente de como obrase en su vida.

Más tarde, estas ideas fueron desarrolladas por los líderes de la reforma protestante: Martín Lutero y Juan Calvino. Estos atribuían  estas ideas a San Agustín y defendían que Dios había fijado para cada persona un plan, que bajo ningún concepto podía ser contravenido, por el que salvaba a algunas personas y condenaba a otras.

Los protestantes veían a los humanos como un ser depravado por el pecado original, por lo que aún siendo un hombre virtuosos en vida su remisión ni siquiera era posible con la intervención divina. A pesar que los líderes protestantes se apoyaban en la obra de Agustín para defender estas teorías, el obispo de Hipona nunca defendió unos postulados tan radicales.

El Concilio de Trento

El Concilio de Trento, celebrado entre 1545 y 1563, condenó definitivamente el cisma protestante y se mantuvo fiel al verdadero espíritu de la obra agustiniana. Estableció las bases del dogma católico sobre la predestinación, adoptando la tesis de San Agustín, quien no negaba la libertad de la voluntad humana para oponerse a la gracia otorgada por Dios a los hombres.

En este sentido, el Jesuita Luis de Molina defendía en su obra principal la existencia el libre arbitrio entre los humanos a la vez que negaba toda posibilidad de predestinación. En 1588 de Molina publicó su principal obra, conocida como La Concordia, que causó gran controversia en la época por oponerse a las teorías de Santo Tomás de Aquino.

Ideas de San Agustín
Luis de Molina y portada de La Concordia

Agustín de Hipona y el jansenismo

Las conclusiones del Concilio de Trento no fueron definitivas para la Iglesia. En el siglo XVII, Cornelio Jansen, obispo de Ypres y fundador del movimiento conocido como jansenismo, a partir de la interpretación literal de los escritos de San Agustín propuso la existencia de la gracia eficaz.

Para Jansen, además de la gracia de Dios que otorga a los hombres para poder no pecar, también existe la gracia eficaz, la cual se trata de un auxilio divino que conduce al hombre a no poder pecar. De esta forma quien haya recibido la gracia divina será conducido irremediablemente hacia obrar el bien.

San Agustín en el arte y el cine

Como figura clave de la Antigüedad y uno de los grandes pensadores de todos los tiempos, San Agustín ha llamado la atención de grandes artistas. Pintores de la talla de Francisco de Goya, El Greco o Fra Angelico se inspiraron en su figura para crear algunos de sus obras.

El séptimo arte tampoco ha sido ajeno a la figura del obispo de Hipona. En el año 2010 se estrenaba San Agustín. La película. Un film dirigido por Christian Duguay y que narra la vida de San Agustín.

San Agustín película
Cartel de la película San Agustín

Fuentes

  • BASSOLS, L. (2007), San Agustín: Vida obra y pensamiento, Planeta de Agostini, Barcelona.
  • PEGUEROLES. J. (1972), El pensamiento filosófico de San Agustín, Labor, Barcelona.
  • SAN AGUSTÍN (2007), Las confesiones, Tecnos, Madrid.
  • https://www.britannica.com/biography/Saint-Augustine
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San Agustín
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San Agustín de Hipona fue uno de los grandes pensadores de la antigüedad. Sus teorías sobre fe y razón, el autotrascendimiento del hombre o su análisis del sentido de la historia supusieron una novedad en su tiempo
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