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Filosofía y pensamiento de San Agustín

Introducción

Aurelio Agustín, más conocido como San Agustín o Agustín de Hipona, gozaba de una personalidad compleja y su pensamiento fluctúa entre el deseo de encontrar a Dios y la duda e interrogación constantes convertidas en método de profundización en la propia interioridad. Escribió una inmensa obra con escritos de carácter personal, ensayos sobre teología y filosofía y comentarios de exégesis bíblica. Además, Con su palabra combatió los movimientos cismáticos o heréticos.

Aunque han pasado diecisiete siglos desde la muerte de San Agustín, su palabra y su pensamiento aún continúan vivos. Su obra Confesiones sigue estando vigente hoy en día. Se trata del mejor y más personal documento sobre su vida en los años que se forjó su carácter. Las Confesiones de San Agustín son una fuente inagotable para comprender como entendía el obispo de Hipona que debía ser la relación entre el hombre y Dios.

Otra fuente fundamental para conocer la vida de San Agustín es la biografía que realizó su amigo Posidonio. Agustín y Posidonio se conocieron en Hipona y, desde entonces, este último sintió una profunda admiración por la persona de Agustín y su obra.

Parece que por San Agustín no pasasen los años, su influencia en la Edad Media fue notable, y hoy en día su obra y su pensamiento se estudian en colegios e institutos. Las Confesiones o La Ciudad de Dios son probablemente las dos obras más famosas de uno de los grandes pensadores de la Historia.

San Agustín y el platonismo

San Agustín es la figura culminante del platonismo cristiano, una corriente platónico-agustiniana que será predominante en los comienzos de la Edad Media. Agustín de Hipona conoció el platonismo principalmente a través de dos obras de Platón: el Timeo (obra dedicada a exponer el origen y la formación del universo) y el Fedón (trabajo dedicado al tema de la inmortalidad y de su afinidad con las ideas.

El contacto de San Agustín con el platonismo le produjo la firme convicción de que este es afín al contenido de la fe cristiana. Y es que el pensamiento del futuro obispo de Hipona se pone al servicio de la fe cristiana y su monumental obra constituyó la más importante fuente de inspiración del medievo occidental. Otra obra que también mucho en el pensador de Hipona fue el Hortensius de Cicerón.

La fe y la razón en el pensamiento de San Agustín

San Agustín nunca se preocupó de trazar una frontera entre la fe y la razón. Piensa que ambas, de manera conjunta, tienen como misión esclarecer la verdad, que para un creyente esta no puede ser otra que la verdad cristiana. El objetivo Agustín de Hipona es la comprensión de la verdad cristiana y a este fin colaboran razón y fe.

La actitud agustiniana ante la fe y la razón proviene de la convicción de que la verdad es única. Solo hay una verdad, la que se encuentra en el cristianismo, y al ser humano le interesa alcanzarla y esclarecerla por todos los medios posibles.

El autotrascendimiento del hombre

En el pensamiento agustiniano el punto de partida para la búsqueda de la verdad se halla en la intimidad de la conciencia. San Agustín hace una llamada a la interiorización. Tanto para él como para el neoplatonismo replegarse sobre uno mismo es el punto de partida. El primer paso consiste en que el hombre constate que su propia naturaleza es mutable, mientras que las ideas, auténtico objeto de conocimiento, son inmutables y necesarias. Para San Agustín el alma conoce las verdades inmutables por una iluminación divina.

Según San Agustín, el ser humano se caracteriza por una búsqueda constante que lo lleva a autotrascenderse. Un único movimiento de autotrascendimiento que se despliega tanto en el conocer como en el querer, en busca de la propia plenitud y felicidad. Pero al hombre solo lo puede hacer feliz algo superior a él, Dios. Por eso la felicidad se halla en el amor a Dios, pero al ocuparse de la felicidad y el amor, Agustín prescinde de toda distinción entre razón y fe.

La existencia de Dios en San Agustín

Dada su preferencia por la vía de la interioridad, no debe extrañarnos que San Agustín no se preocupe por formular argumentaciones tomadas de la realidad exterior, del universo, para demostrar la existencia de Dios. La auténtica prueba agustiniana de la existencia de dios es la que parte de las ideas. La naturaleza de las ideas, su carácter inmutable, contrasta con la mutabilidad de la naturaleza humana, de ahí que al tratar de definir el atributo fundamental de Dios, San Agustín insista en la inmutabilidad como su atributo primero.

La naturaleza del alma

El pensamiento agustiniano está fuertemente influido por el platonismo. En el ser humano existen dos sustancias distintas: una espiritual y otra material. El hombre no es su cuerpo, ni tampoco un conjunto de cuerpo y alma, sino el alma: El hombre es un alma racional que se sirve de un cuerpo mortal y terrestre.

En el alma San Agustín distingue dos aspectos: la razón inferior y la razón superior.

  • La razón inferior tiene como objeto la ciencia, esto es, el conocimiento de las realidades mutables y sensibles.
  • La razón superior tiene como objeto la sabiduría, el conocimiento de lo inteligible, de las ideas, con el fin de que sea posible elevarse hasta Dios.

San Agustín niega la preexistencia y la rencarnación de las almas, lo que le llevó a defender el traducianismo, doctrina según la cual las almas de los hijos provienen de las de los padres.

La libertad y el problema del mal en San Agustín

El cristianismo había puesto en primer plano la libertad individual como posibilidad de elección entre el bien y el mal. La afirmación de la libertad y la experiencia de ella es un elemento fundamental de la antropología cristiana. El hombre es libre para aceptar o no aceptar el mensaje cristiano y, por lo tanto, para salvarse o condenarse. Esto mismo es lo que pensaba San Agustín.

La experiencia cristiana de la libertad es una experiencia dramática, ya que la libertad se halla amenazada por la corrupción de la naturaleza, que inclina al ser humano hacia el mal, y por la fuerza de gracia, que lo empuja hacia el bien.

Estrechamente relacionada con el tema de la libertad se halla la cuestión del origen y la naturaleza del mal. En su juventud, San Agustín trató de hallar solución a este problema adhiriéndose al maniqueísmo, doctrina según la cual existen dos principios: uno del bien y otro del mal. Posteriormente, abandonó la explicación maniquea y abrazó la de Plotino, según la cual el mal no es algo positivo, sino una privación, una carencia de bien. Por tanto, al no ser algo positivo no puede ser atribuido a Dios.

El Estado y la Historia en San Agustín

San Agustín puede ser considerado el primer pensador que analizó sistemáticamente el sentido de la historia universal. Pretende ir más allá de los puros hechos para interpretarlos y encontrarles un sentido.

La perspectiva adoptada por San Agustín ante la historia es primordialmente moral. Considera que existen dos grandes grupos de seres humanos: los que se aman a sí mismos, hasta llegar a despreciar a Dios, y los que aman a Dios hasta llegar al desprecio de sí mismos. Los primeros constituyen la “ciudad terrena”, los segundos “la ciudad de Dios”. Ambas ciudades se hallan mezcladas en cualquier sociedad a lo largo de la historia, y la separación de los ciudadanos de una y otra no tiene lugar sino en el momento final de la historia.

Sin embargo, San Agustín insiste en la imposibilidad de que el estado realice auténticamente la justicia, a menos que su actuación esté guiada por los principios morales del cristianismo. Esto puede dar lugar a dos interpretaciones distintas: la primacía de la Iglesia sobre el estado y la minimización del papel del Estado.

El pensamiento de San Agustín en la Edad Media

En los siglos siguientes, la filosofía de San Agustín dio lugar a un conjunto de tesis o afirmaciones que conforman la corriente del agustinismo. Algunas de estas tesis ya fueron formuladas explícitamente por San Agustín, mientras que otras solo lo estaban de un modo implícito y fueron desarrolladas al contacto con otros filósofos como Avicena en el siglo XI. En los últimos siglos de la Edad Media el agustinismo encontró sus principales mantenedores en los filósofos de la orden franciscana. Las principales tesis de esta escuela fueron las siguientes:

  • El agustinismo mantuvo que la fe y la razón colaboran solidaria y conjuntamente en la explicación y esclarecimiento de la verdad cristiana.
  • El alma y el cuerpo son sustancias distintas y que el hombre es “un alma inmortal” que se sirve de un cuerpo mortal y terreno.
  • El agustinismo sostuvo la primacía de la voluntad sobre el entendimiento, del querer sobre el conocer. Una tesis que se denomina voluntarismo.
  • El agustinismo mantenía la teoría de la iluminación y que mediante ella la razón humana conoce las verdades universales, inmutables y eternas.
  • En el agustinismo todas las sustancias, excepto Dios, son compuestas de materia y forma (incluso las sustancias espirituales como los ángeles). Además, en las sustancias existía una pluralidad de formas.

Fuentes

  • BASSOLS, L. (2007), San Agustín: Vida obra y pensamiento, Planeta de Agostini, Barcelona.
  • PEGUEROLES. J. (1972), El pensamiento filosófico de San Agustín, Labor, Barcelona.
  • SAN AGUSTÍN (2007), Las confesiones, Tecnos, Madrid.
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San Agustín de Hipona fue uno de los grandes pensadores de la antigüedad. Sus teorías sobre fe y razón, el autotrascendimiento del hombre o su análisis del sentido de la historia supusieron una novedad en su tiempo
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